
Un sueño
Carmony apareció en un sueño. Un sueño digno de Alicia en el País de las Maravillas. Donde las notas musicales, las escalas y los acordes eran los personajes exóticos del cuento. Mi yo-niña jugaba al Rummy. Y entonces números, letras, colores giraban en el aire hasta formar un círculo. Todos los elementos cobraban sentido. Un universo circular. Un juego de cartas que revelara los «misterios» de la teoría musical. Para aprender música de la mejor manera: jugando, guiados por la curiosidad.

El nombre
Esa mañana del 10 de octubre de 2024 escribí en mi cuaderno la idea principal. Y también el nombre del juego. Como un juego de palabras entre «card» y «harmony». Más tarde, me di cuenta de que tenía mucho sentido que Carmony no tuviera la «d» de card, porque era un sistema de ruedas, ruedas de auto («car») haciendo andar la máquina de la armonía musical.
El origen
En mi viaje autodidacta con la música fui sintiendo que había varios nudos difíciles de desatar. Me resultaba confuso escuchar hablar de «grados», contar notas sin considerar el cero, o saber exactamente cuándo usar sostenidos y bemoles. Y me parecía un misterio fantástico que los músicos pudieran saber rápidamente los acordes de una canción al conocer la tonalidad. No todos, por supuesto. La mayoría se asomaba un poco a este universo teórico juzgándolo tedioso y complicado, coincidiendo en mencionar como villanos a personajes tales como «el círculo de quintas» o los temibles «modos griegos». A medida que fui tirando del hilo de mi propia curiosidad, comencé a hacer videos en YouTube y gráficos coloridos para compartir mis descubrimientos. Pero sentía que tenía que haber una forma de sistematizar todas esas ideas sueltas. Un juego.


La idea
Carmony resume en un sistema gráfico basado en ruedas, letras, números y colores la convivencia de las dos miradas centrales de la teoría musical actual: la mirada cromática (12 notas) y la mirada diatónica (7 grados). Sobre la rueda grande, que contiene las notas cromáticas, giran ruedas pequeñas que representan las estructuras musicales: intervalos, acordes y escalas. Entonces, al pensar las 12 notas como un mazo de cartas y las estructuras como otro que funcionara como «cartas de instrucciones», el camino fue buscar analogías con juegos de mesa clásicos.
Desarrollo
Desde aquel sueño, todo fue acción. Prueba y error, como corresponde. Muchos cuadernos, bocetos, los primeros prototipos, impresiones, recortar con tijera, y sobre todo, mucho «playtest» que es lo que hacen los creadores de juegos de mesa (nuevo mundo desbloqueado) según aprendí en mi escuela favorita: YouTube. También hice una versión digital en un simulador de juegos (Tabletop Simulator de Steam). Y en marzo de 2025 lo presenté formalmente en dos versiones físicas: una para Argentina, con producción autogestiva, en pequeñas partidas. Y otra internacional, con el sistema print-on-demand en la web para creadores thegamecrafter.com. Luego hice varios videos en el canal mostrando el juego y utilizando el material para explicar conceptos claves de teoría musical. En 2026 cobró forma la idea de transformar a Carmony en una familia de juegos. Utilizando el mismo sistema y material, inventé 4 nuevos juegos que van de mayor a menor en la complejidad de reglas y tiempo de juego. Así, las posibilidades de Carmony dentro de un aula, por ejemplo, se expanden logrando la flexibilidad que al principio le faltaba.
Carmony, hoy y mañana
Como todo proyecto independiente y de autor, Carmony hoy es un producto todavía con altos costos y de dedicación completamente personal. Cuidado al detalle y hecho con la pasión que me mueve para hacer todo lo que hago, desde hace muchos años como emprendedora. Mañana, quizás —como dice Seth Godin— diez personas se enamoren de Carmony, y cada una se lo cuente a otras diez… quién sabe. Lo que sí sabemos, es que habremos sido los primeros en tenerlo y compartirlo. Orgullosos, de que ya no nos pertenezca.















